19 de septiembre de 2021
ESPECTÁCULOS

Último adiós a Libertad Leblanc

Una destacada y desbordante figura del cine argentino, que marcó una época en las décadas de los 60 y los 70, falleció a los 83 años en la noche del jueves en su domicilio ubicado en la Ciudad de Buenos Aires.
Libertad María de los Ángeles Vichich-su nombre real- en los últimos días había estado internada por un cuadro de neumonía en el Hospital Rivadavia, de donde había recibido el alta.
De regreso a su casa, continuo con los cuidados de dos enfermeras distribuidas a lo largo de las veinticuatro horas, desde la internación domiciliaria que le organizara su única hija Leonor Barujel-Vichich.
Su estado de salud era delicado, sumado a las dificultades renales, cardíacas y el mal de alzheimer.
Según trascendió, la atractiva y popular “Liber”, una de las icónicas sex-symbol que dio nuestro país, comenzó a decaer hace tres años aproximadamente, luego de un viaje que realizara a España con la decisión de vender una propiedad. Al regreso a la Argentina, inició un tratamiento para controlar un malestar cardíaco, pero, de acuerdo con los comentarios de sus allegados: “Nunca volvió a estar del todo bien…Se la veía muy decaída y pasaba varias horas en la cama”.
Libertad había nacido un 24 de febrero de 1938 en la localidad de Guardia Mitre, en la provincia de Río Negro.
Pertenecía a una familia adinerada, tradicional, y católica. Su padre, administrador de campos, fue asesinado antes de que ella cumpliera un año de vida.
A los dieciocho años llegó a Buenos Aires y gracias a su imponente belleza, y encanto personal, comenzó a trabajar de inmediato en fotonovelas. Se recibió de maestra, estudió psicología.
En 1954 se casó con el empresario Leonardo Barujel, quien la inicia en el mundo del espectáculo local. Al poco tiempo, las reiteradas discusiones hicieron que el matrimonio se disolviera. De todas maneras, de esa unión, nació su única hija llamada Leonor, quien en la actualidad reside junto a su familia en Suiza.
Filmó alrededor de cuarenta películas en nuestro país y en el exterior. Su primer protagónico fue “La Flor del Irupé”, donde apareció como Dios la trajo al mundo, y el éxito de taquilla fue total.
Completó más de diez temporadas de teatro latino en la ciudad New York, en los Estados Unidos de América.
En 1975 con la producción de Alejandro Romay se animó al show del teatro de revistas con la obra “Qué viva la Libertad” en el Nacional.
Cuestionadora, entusiasta, su propio manager, feminista, diva, rompió con varias reglas establecidas. Con el tristemente célebre Rodrigazo, perdió el sesenta por ciento de sus ahorros. A pesar de cada contingencia, siempre seguió adelante.
Compartió diálogos con el escritor Norman Mailer, Manuel Puig y Vinicius de Moraes. Ernesto Sábato la incluyó en un capítulo de su premiada novela “Abbadón el Exterminador”.
Una vida intensa, libre, cero prejuicio, desde la más absoluta plenitud. Al respecto, “Liber” solía manifestar: “Mi premio es apoyar la cabeza en la almohada y dormirme sin problemas”.

Por Visión Porteña

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